domingo, 2 de diciembre de 2007

ENTRE LAS SABANAS



Brillantes y minúsculas gotas de sudor salían por cada uno de los poros de mi cuerpo, cuando me acerqué a el y lo tomé entre mis brazos, deslizándome en su interior con la suavidad dulzona de la mutua excitación.
Ajustamos deliciosamente nuestras formas y con agilidad felina sincronizamos nuestros movimientos. Durante largo minutos garrapateé temblores en la blanca pizarra de sus curvas.
El súbito estallido placentero que me humedeció hizo que me despertara.

A mi lado, dormido, estaba el con las sábanas modelando su cuerpo desnudo. Intenté aproximarme pero ese muro invisible, tan habitual en los últimos tiempos, me lo impidió. Triste y empapada me quedé dormida y soñé que, al menos, nuestras respiraciones sí se acompasaban.

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